PASO a PASO

VACÚNATE Y DISFRUTA/ 

Carlos Valcárcel Siso

Enero, en Murcia, a pesar de la pandemia, y de los beneficiarios de la misma, y más allá de los buenos propósitos y de los nuevos proyectos que nos hemos propuesto ejecutar en el nuevo año, nos ofrece la posibilidad de olvidar aquella y de compensar las frustraciones derivadas del fracaso, total o parcial de estos últimos.

Terminadas las navidades, volvemos a retomar las rutinas de los últimos meses. Y vuelta a empezar de nuevo , si es que hubiéramos parado alguna vez. Es cierto que en estos días festivos el trabajo te da tregua y te permite levantar el pie del acelerador, pero no es menos cierto también que alguno de nuestros clientes aprovecha sus horas de asueto para querer resolver sus problemas legales a costa de mantener al abogado en la tensión de hacerle creer que el 31 de diciembre se acaba el mundo, cuando realmente lo que se acaba es el año. Y, es más, si no fuera porque así está establecido en el calendario gregoriano, ni siquiera seríamos conscientes de haber pasado la frontera que separa a un año de otro.

Llega enero con los mismos problemas que nos inquietaban y perturbaban en el depuesto mes de diciembre pasado. El número de contagios se ha disparado en cifras hasta ahora desconocidas, aunque, cierto es, la información con la que se nos acribilla, como es costumbre a diario, es de una lenidad que contrasta con la agresiva, alarmante e inquietante de hace solo unas semanas. Si antes teníamos que protegernos a toda costa del virus ahora se ve esperanzadoramente conveniente que todos nos infectemos, pues en la inmunidad del rebaño está la solución del problema. Viene ser algo así como si finalmente la clase política dominante, junto con los medios suministradores de información de masas, lograra implementar en el común de los mortales la dictadura del pensamiento único, con el resultado de quedar todo el rebaño inmunizado frente al peligroso virus que supone que cada persona tenga su propio criterio y la facultad para expresarlo libremente.

Pero enero, en Murcia, a pesar de la pandemia, y de los beneficiarios de la misma, y más allá de los buenos propósitos y de los nuevos proyectos que nos hemos propuesto ejecutar en el nuevo año, nos ofrece la posibilidad de olvidar aquella y de compensar las frustraciones derivadas del fracaso, total o parcial de estos últimos.

Todavía envueltos en los aromas de los cordiales y tortas de pascua y no apagados aún los ecos de los aguilandos murcianos, podemos deleitarnos escuchando sus últimas coplas en los alrededores del Monasterio de la Luz, en la onomástica de San Antón, al calor del sol del medio día y degustando un buen almuerzo a base de embutidos patrios, regados con un caldo jumillano de la añada y cualquier otra exquisitez que te lleves al monte, pues como es sabido en el monte comerás de lo que lleves , y no más.

Al siguiente día, celebración de San Fulgencio, tenemos la deliciosa oportunidad de asistir a la Misa de rito Hispano Mozárabe , en la concatedral de Murcia, con posterior degustación del boniato en dulce y una mistela, en el propio Palacio episcopal. Dejando a un lado el aspecto gastronómico religioso - que no es mucho, dicho sea de paso- la posibilidad que te brinda Murcia de asistir a una liturgia consolidada en el siglo VI, en el reino visigodo de Toledo, es un lujo al alcance de muy pocos. Murcia, te brinda esa posibilidad , aunque la estadística constate y acredite que, desgraciadamente , muy pocos acudirán a culturizarse , más por desconocimiento que por otra cosa, quiero yo pensar.

Terminará Enero, en las vísperas de las fiestas de mi barrio de Santa Eulalia, , con olor a primavera y palmito, a cascaruja de Solano, a vino del Jesuso y a michirones del Garrampón , a barro cocido para moldear al Santo , erigido sobre finos hilos de seda de múltiple y vistosos colores, y a velas de cera que , cruzadas sobre tu garganta, te previenen los males del galillo.

San Blas y San José , saldrán de paseo por las calles de mi viejo Barrio , a los ecos del sonido de las viejas guitarras, cuyas heridas se sanan desde el extinto talle de la calle Marengo, mientas los niños, en la plaza, giran sobre el eterno eje de su feliz infancia, dando vueltas y vueltas sobre los caballitos de feria, a lomos de una ilusión evanescente.

Y Murcia, en su decurso del día a día, se proclama, con modestia y eficacia, como otra válida vacuna para combatir todos los males que nos acechan . Vacúnate y disfruta.

Carlos Valcárcel Siso / Fotos: Tomás Lorente


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