PERFILES MURCIANOS
RUFINO MONTORO CUENCA/
Polifacético
Es auténticamente el reposo del guerrero murciano, del Sigfrido curtido en mil batallas incruentas que se remanga los pantalones y se aferra a la azada; rompe y quiebra terrones y tormos con renovada fuerza abriendo nuevos cauces al agua vivificadora.
Rufino Montoro Cuenca es un urbanita consagrado. Friolero en invierno y desde tiempo inmemorial se resiste a desplazarse hasta la costa, permaneciendo en la ciudad como el último de sus habitantes. No siempre fue así, pues es sabido que por los años setenta llegó a convertirse en todo un lobo de mar que competía en regatas con la furia y el talento acostumbrados del personaje; virtudes imprescindibles para el bello deporte náutico. Hubo una segunda época en la que Rufino (Rufo para los amigos) le tomó el gusto a viajar, recorriendo países exóticos y continentes como si del pasillo de su casa se tratara.
Sus ya largos años posiblemente hayan frenado el espíritu aventurero e indomable del joven Rufinín: paracaidista; hábil jugador de tenis, jugador de rugby; nadador, jinete o dinámico motorista de alta cilindrada como meros ejemplos. Ahora, calmados los ánimos, templada la sangre, prefiere la tertulia, el mundo de las ideas (sobre todo las que se refieren al reciclaje, las nuevas energías o el aprovechamiento de los detritus) Rufo maduro es totalmente un ser distinto y equilibrado, así lo demuestra cuando a la caída de la tarde se le veía (En los años pre pandémicos) solazarse en la calle Pérez Casas al fresquito de los aparatos de aire acondicionado en compañía de los amigos que fieles, nunca le abandonan y con él dormitan arrullados por el tintineo de los cubitos de hielo.

Pero existe una faceta veraniega desconocida de nuestro protagonista de hoy, la que evidencia su desprecio por el mundo cainita y playero, me refiero a la de de hortelano estival.
Es auténticamente el reposo del guerrero murciano, del Sigfrido curtido en mil batallas incruentas que se remanga los pantalones y se aferra a la azada; rompe y quiebra terrones y tormos con renovada fuerza abriendo nuevos cauces al agua vivificadora. ¿Dónde enchufo el instrumento? -grita eufórico y con desenfado el inventor de las nuevas vacaciones refiriéndose al legón. Todo un innovador del veraneo en el siglo XXI, el que deja que el agua fresca acaricie sus pies, mientras las hormigas suben hasta sus ingles huyendo aterradas ante la inundación, mientras los árboles ríen a carcajadas al ver alimentada su savia. Es el adiós al urbanita, al genuino deportista, al playboy de otros días; es el regreso a la médula espinal de nuestra existencia, al murcianismo puro, al moreno agromán una vez más; es en definitiva el regreso a la pura cepa del huertano del sureste español. Es el nuevo estar de Rufo Montoro Cuenca y su sed de vida.
M. L.- G.
